Hay un momento en la trayectoria de muchos profesionales en el que aparece una pregunta que hasta entonces apenas se habían planteado: ¿y si los próximos años los dedicara a construir algo propio?
Puede ocurrir a los 50, a los 52 o a los 57. A veces surge después de una larga carrera profesional y de forma completamente voluntaria. Otras, tras una reestructuración empresarial, una salida de la compañía, una prejubilación o un periodo de desempleo que obliga a replantearse el futuro profesional.
Después de dos o tres décadas trabajando en empresas, gestionando equipos, negociando con clientes, tomando decisiones y acumulando experiencia, muchos profesionales descubren que volver al mercado laboral no es necesariamente la única opción.
También pueden convertirse en empresarios.
Pensemos en un director comercial de 56 años que, después de más de veinte en la misma compañía, sale de la empresa en un proceso de reestructuración. O en una responsable de operaciones que accede a una prejubilación cuando todavía tiene por delante muchos años de actividad. O simplemente en un profesional que llega a un punto de su carrera en el que decide que ha llegado el momento de desarrollar algo propio.
En todos estos casos existe algo en común: no parten de cero.
Parten de años de experiencia, conocimiento de los mercados, capacidad de gestión, relaciones profesionales y una forma de entender la empresa que solo se adquiere con el tiempo.
De hecho, esta necesidad de encontrar una nueva vía profesional tiene un peso importante. Según el estudio El emprendimiento sénior en España, elaborado por el Centro de Investigación de Fundación MAPFRE junto al Observatorio del Emprendimiento de España, el 57% de los emprendedores de entre 55 y 64 años afirma haber emprendido para ganarse la vida.
Por ello, emprender después de los 50 no debería interpretarse únicamente como una alternativa ante el desempleo o una consecuencia de una prejubilación. En muchos casos puede convertirse en una auténtica segunda etapa empresarial.
Y es precisamente ahí donde la franquicia puede adquirir un papel especialmente relevante.
Frente a la creación de un negocio completamente nuevo, la franquicia permite incorporarse a un modelo previamente desarrollado, con una marca, unos procedimientos, un know-how, formación y una estructura de apoyo. El profesional aporta aquello que ha construido durante años: capacidad de gestión, criterio empresarial, relaciones, conocimiento del mercado y experiencia.
Por eso, cada vez más profesionales que buscan emprender después de los 50 pueden valorar la franquicia como una alternativa al emprendimiento completamente independiente: permite afrontar una nueva etapa empresarial sobre una estructura ya definida y previamente contrastada.
Porque emprender después de los 50 no significa empezar de nuevo. Significa empezar desde la experiencia.
El emprendimiento sénior gana peso en España
No estamos hablando de una realidad marginal.
Según el citado estudio de Fundación MAPFRE sobre emprendimiento sénior, el 9,9% de los mayores de 55 años en España son emprendedores y el 82% de quienes emprenden a estas edades considera disponer de los conocimientos, experiencia y habilidades necesarios para desarrollar una iniciativa empresarial.
El V Mapa del Talento Sénior de Fundación MAPFRE señala que, de los aproximadamente 3,3 millones de autónomos existentes en España, 1,03 millones tienen más de 55 años, lo que representa más del 31% del total.
En otras palabras, prácticamente uno de cada tres autónomos españoles pertenece ya a este segmento de edad.
Estos datos reflejan una transformación que va mucho más allá del autoempleo. Existe una generación de profesionales que mantiene una elevada capacidad de participación económica y que puede encontrar en el emprendimiento una nueva vía para prolongar y transformar su trayectoria.
Cumplir 50 años ya no significa encontrarse próximo al final de la vida profesional. Para muchas personas pueden quedar todavía 15, 20 o 25 años de actividad.
La cuestión, por tanto, no es únicamente cómo prolongar esa trayectoria, sino cómo convertir toda la experiencia acumulada en capacidad empresarial.
¿Por qué elegir una franquicia para emprender después de los 50?
Emprender después de los 50 no es igual que hacerlo a los 25.
El profesional sénior suele llegar a esta decisión después de haber gestionado personas, presupuestos, clientes, proveedores, objetivos comerciales o unidades de negocio durante buena parte de su trayectoria.
Es decir, puede disponer de capacidades empresariales antes incluso de convertirse formalmente en empresario.
La franquicia puede complementar precisamente aquello que todavía no posee: una marca, un modelo de negocio estructurado, procedimientos operativos, proveedores, herramientas comerciales, formación, soporte y un know-how previamente definido.
Para muchos profesionales sénior, esta combinación resulta especialmente atractiva.
No necesariamente quieren desarrollar una idea desde cero. Buscan una actividad que puedan analizar, entender y valorar antes de realizar la inversión.
Quieren conocer cuánto necesitan invertir, qué estructura de costes tendrá el negocio, cómo funciona la operativa, qué soporte ofrece la central y cuál puede ser su recorrido futuro.
Elegir una franquicia después de los 50 exige analizar no solo la inversión, sino también el grado de implicación que requerirá el negocio, la estructura necesaria, su rentabilidad potencial y la compatibilidad del modelo con la experiencia y capacidades del candidato.
La franquicia no elimina el riesgo empresarial, pero permite partir de unas bases más estructuradas que las del emprendimiento completamente independiente.
La experiencia se convierte en capital empresarial
Uno de los principales activos del emprendedor sénior es su propia trayectoria.
Un director comercial de 54 años que lleva más de dos décadas gestionando equipos, mercados y clientes no comienza realmente desde cero cuando decide emprender.
Puede desconocer inicialmente las particularidades operativas de la actividad elegida, pero dispone de competencias directamente aplicables a la dirección de una empresa: liderazgo, negociación, control de objetivos, organización, capacidad comercial, gestión de personas e interpretación de resultados.
Lo mismo sucede con profesionales procedentes del retail, la banca, la distribución, los servicios, la industria o la dirección de operaciones.
La franquicia puede proporcionarles el modelo. Ellos aportan experiencia.
Y esta combinación también resulta especialmente interesante para las empresas franquiciadoras.
Porque incorporar un franquiciado no consiste únicamente en incorporar capital. Significa incorporar a un empresario capaz de gestionar correctamente una unidad de negocio, desarrollar su mercado y representar a una marca dentro de un territorio.
Precisamente por ello, una correcta estrategia de expansión de franquicias debe partir no solo de la generación de candidatos, sino también de la definición y selección del perfil de franquiciado más adecuado para cada modelo.
Emprender después de los 50: de profesional a empresario
Una de las oportunidades más interesantes de la franquicia reside en facilitar la transición entre una larga carrera profesional y una nueva etapa empresarial.
Un profesional puede haber trabajado durante 25 o 30 años dentro de diferentes compañías sin haber sido nunca empresario. Eso no significa que carezca de capacidades para dirigir una empresa.
En muchos casos ya ha gestionado recursos, presupuestos, personas, clientes y objetivos durante años. Lo que necesita no es aprender desde cero a gestionar, sino encontrar un modelo empresarial sobre el que aplicar ese conocimiento.
La franquicia puede convertirse entonces en el vehículo para realizar esa transformación, especialmente después de una salida de empresa, una reestructuración, una prejubilación o una situación de desempleo después de los 50.
Ante estas circunstancias, el profesional puede optar por volver al trabajo por cuenta ajena, emprender de forma independiente o iniciar una nueva etapa empresarial dentro de un modelo organizado y con una estructura de apoyo.
No todos los sénior buscan autoempleo
También es importante evitar un error frecuente: identificar automáticamente al emprendedor mayor de 50 años con el autoempleo.
Existen diferentes perfiles.
Una parte busca generar su propio empleo y participar directamente en la actividad cotidiana.
Otros quieren pasar de directivos a empresarios y desarrollar estructuras con empleados y equipos.
Y existe un tercer perfil especialmente interesante para las redes: el inversor o potencial multifranquiciado.
Un profesional puede abrir una primera unidad a los 52 años, consolidarla y posteriormente desarrollar una segunda o una tercera.
En ese momento deja de tratarse únicamente de autoempleo.
Estamos ante un empresario que está construyendo una organización dentro de una red de franquicia.
Por ello, el talento sénior no debería analizarse exclusivamente como candidato para modelos de baja inversión. Puede resultar también especialmente atractivo para enseñas que buscan empresarios con capacidad para desarrollar territorios, gestionar equipos o abrir varias unidades.
Qué sectores de franquicia pueden encajar mejor después de los 50
No existe una franquicia específica para mayores de 50 años. La elección debe depender de la experiencia profesional, capacidad económica, grado de implicación y objetivos de cada candidato.
Sin embargo, algunos sectores pueden presentar un encaje especialmente favorable para determinados perfiles sénior:
Servicios profesionales y B2B
Especialmente adecuados para antiguos directivos, comerciales o consultores, que pueden aprovechar su experiencia, capacidad negociadora y red de contactos.
Inmobiliario
Puede encajar con profesionales procedentes de ventas, banca, seguros o dirección de equipos por su fuerte componente comercial y relacional.
Servicios asistenciales
La atención domiciliaria, dependencia y cuidado de mayores requieren organización, gestión de equipos y conocimiento del mercado local.
Formación y educación
Academias, idiomas y formación especializada pueden resultar adecuadas para perfiles procedentes de enseñanza, recursos humanos o gestión.
Retail especializado
Ofrece un buen encaje para profesionales con experiencia en comercio, distribución, ventas, operaciones o gestión de establecimientos.
Salud, bienestar y estética
En muchos modelos, el franquiciado desempeña principalmente una función empresarial, comercial y de gestión.
Restauración organizada
Aunque exige una mayor capacidad operativa y de inversión, puede encajar con perfiles procedentes de dirección, hostelería, retail u operaciones.
La cuestión no es determinar qué franquicias son “para mayores de 50 años”, sino identificar qué modelos permiten aprovechar mejor la experiencia, capacidades y objetivos de cada profesional.
Qué debe valorar una franquicia en un candidato sénior
La experiencia constituye una ventaja, pero no sustituye a un buen proceso de selección.
Cada empresa franquiciadora debe definir qué tipo de empresario necesita realmente.
Capacidad económica, implicación prevista, competencias comerciales, experiencia de gestión, expectativas de rentabilidad y compatibilidad con la cultura de la enseña siguen siendo factores determinantes.
Existe además una cuestión especialmente importante.
Un profesional acostumbrado durante décadas a tomar decisiones con gran autonomía debe comprender que integrarse en una franquicia supone formar parte de un sistema empresarial común.
El franquiciado dirige su propia empresa, pero debe respetar procedimientos, estándares, imagen de marca y políticas establecidas por la central.
La experiencia aporta valor cuando se combina con capacidad para trabajar dentro de un modelo compartido.
Las franquicias también deben aprender a captar talento sénior
El crecimiento de este perfil plantea igualmente un reto para las propias empresas franquiciadoras.
Una parte importante de la comunicación destinada a captar franquiciados continúa utilizando mensajes vinculados principalmente al autoempleo: “sé tu propio jefe”, “monta tu negocio” o “crea tu futuro”.
Estos argumentos pueden resultar insuficientes para un directivo de 55 años con tres décadas de experiencia.
Este candidato probablemente estará más interesado en conocer la inversión, estructura de costes, rentabilidad, recuperación de la inversión, características del territorio, organización de la central o posibilidades futuras de crecimiento.
Preguntará menos por cómo abrir el negocio y más por cómo funciona económicamente.
Por ello, las redes deben adaptar también su estrategia de captación y selección de franquiciados a este nuevo perfil.
Conceptos como convertir experiencia en empresa, pasar de directivo a empresario o desarrollar una segunda etapa profesional dentro de un modelo consolidado pueden conectar mucho mejor con este candidato.
Y para aquellas empresas que todavía están preparando su estructura para crecer, disponer previamente de un proyecto de franquicia correctamente definido resulta esencial antes de comenzar la incorporación de nuevos empresarios a la red.
El emprendedor sénior como nuevo perfil de franquiciado
Durante los últimos años se ha hablado ampliamente de la economía sénior para describir el creciente peso económico de los consumidores de mayor edad. Pero los sénior no son únicamente consumidores: también son profesionales, inversores y empresarios.
Para muchas personas, llegar a los 50 o 55 años puede coincidir con una etapa de transformación profesional y con la decisión de iniciar un proyecto propio. En este contexto, la franquicia puede aportar estructura, metodología, marca y acompañamiento.
Para las empresas franquiciadoras, este perfil representa además una oportunidad relevante: incorporar empresarios con experiencia, capacidad de gestión, estabilidad y, en determinados casos, potencial inversor o multifranquiciado.
En un escenario en el que el crecimiento de las redes es cada vez más selectivo y profesionalizado, encontrar al franquiciado adecuado será tan importante como generar nuevos candidatos.
Porque el reto de una red de franquicia ya no consiste únicamente en encontrar más franquiciados. Consiste en encontrar mejores empresarios. Y una parte cada vez más relevante de ellos tiene más de 50 años.

Eduardo Tormo
Fundador y CEO de Grupo Tormo, integrado por Tormo Franquicias Consulting, Tormo Capital, Tormo Consultores, Franquicias Hoy y distintas sociedades de participación en empresas franquiciadoras. Es empresario, consultor e inversor especializado en franquicia, expansión empresarial y desarrollo de modelos de crecimiento. Ha participado en más de 1.000 proyectos empresariales y en procesos de expansión nacional e internacional.

