Tenemos a la vista diferentes ferias de franquicias. Demasiadas. Muchas de pequeño formato y carácter local y alguna de superficie y puesta en escena más amplia.

Desde aquí no queremos cuestionar la necesidad o no de las ferias, desde todo punto de vista necesarias cuando se entienden como la presentación de novedades de un sector; la puesta en escena de las empresas y sus protagonistas y cuando son un punto de encuentro entre la oferta y la demanda.

Desafortunadamente; no es esto lo que ocurre en las ferias de franquicias donde coexisten múltiples sectores de actividad y los visitantes de un año rara vez repiten al siguiente, donde no acuden las principales marcas del Top 100 (que en su gran mayoría dan la espalda a las mismas, mientras que es habitual verlas al mismo tiempo presentes en las ferias de su sector de actividad) y donde rara vez se presentan novedades o están presentes sus principales protagonistas. Nada de esto sería del todo preocupante en última instancia si las mismas generaran negocio suficiente a sus expositores, pero no es así.

Realmente, la culpa de lo expuesto es de los propios organizadores de las diferentes ferias de franquicias. Para unos, se trata de una forma de hacer negocios organizando ferias con poco contenido y valoración. Para otros, es un dejar hacer y falta de visión y perspectiva al dejar convertir sus espacios en “kioscos”.

Falsas expectativas

Acudir hoy a una feria de franquicia es, realmente, acudir a una “feria de consultoras e intermediarios” que presentan logotipos y folletos de marcas de la misma forma que podrían ser presentados en un “kiosco”. Muchos de estos stands parecen un supermercado de oportunidades a precio único. Tal es la impresión que dan.

El proceso es simple. La consultora compra un determinado espacio a la feria de franquicias, no ferias de franquiciasexcesivamente amplio (64 m2), que después “revende” a múltiples empresas franquiciadoras. Tal es el caso, por poner un ejemplo (y es real), que el espacio concedido para un franquiciador en uno de estos “kioscos” es de 0,71 m2 (en el caso de que acudan todos simultáneamente).

Siempre se asegura por parte de dichas consultoras, sobre todo a empresas en fase de inicio, que una feria de franquicias es el camino idóneo para facilitar su expansión y que lo mejor es hacerlo de la forma indicada. Lo peor de todo esto son las falsas expectativas que se generan a demasiadas empresas y la consiguiente frustración posterior de las mismas que deciden no volver a feria.

Mientras que cada consultora obtiene una presencia superior a su realidad, su coste es sufragado por los franquiciadores que participan en su stand y al mismo tiempo obtiene sustanciosos beneficios económicos derivados de la “reventa” del stand gracias a cada feria de franquicias donde acude, lo que, para más de uno, se ha convertido en el objeto de negocio principal y su principal argumento.

La decepción del visitante

La otra cara de la moneda es el visitante que acude animado a cada feria para poder ver negocios y oportunidades empresariales y donde podrá compartir directamente con sus responsables.

Nada de esto es cierto. Al cabo de poco tiempo ha visto la feria; no ha encontrado demasiado de su interés; no ha podido ver a los responsables de las principales marcas; la oferta es insuficiente y la publicidad ha sido engañosa al anunciarse muchas más marcas de las que realmente tienen presencia directa.

En anuncios similares a 400 enseñas presentes, la realidad es que el número de stands pertenecientes a empresas no llegan a 60 (descontando consultoras, revistas, entidades financieras y administrativas, asociaciones múltiples, etc.). Es evidente el desencanto del visitante y la imagen negativa que ofrece este formato al sector, en detrimento de muchas marcas que no lo merecen.

Conclusiones

Las ferias de franquicias deben reinventarse para ser útiles de verdad al sector donde se desarrollan. Se deben al mismo. Los caminos son muchos, pero en ningún caso pueden asumir el formato actualmente establecido de feria de consultores e intermediarios en formato kiosco que condiciona a la propia feria y no la deja crecer ni ser efectiva.